Friday, August 26, 2016

Cuento de la semana: ¡Oh, ser un blobel!, de Philip K. Dick

El tomo IV de los Cuentos completos de la edición Minotauro contiene este relato. La portada es la mejor de la colección.
La maravilla de la literatura de Philip Dick es el haber introducido al mediocre héroe, propio de las novelas más formales al formato de la (muchas veces) ciencia ficción más caricaturesca. En este cuento, escrito en una época relativamente joven de su carrera, conforma una terrible metáfora sobre la futilidad de la intolerancia y su aún más espantosa inevitabilidad.



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¡Oh, ser un blobel! -Oh, to be a blobel! (1964)




Introdujo una moneda de platino de veinte dólares en la ranura, y el

analista, después de una pausa, se iluminó. Sus ojos brillaron afablemente.

Carraspeó, Cogió una pluma y un bloc de papel amarillo de su escritorio y dijo:

-Buenos días, señor. Puede usted empezar.

-Buenos días, doctor Jones. Supongo que no es usted el mismo doctor Jones

que redactó la biografía definitiva de Freud... Eso ocurrió hace un siglo. -Rió

nerviosamente. Siendo un hombre de condición más bien modesta, no estaba

acostumbrado a tratar con los nuevos psicoanalistas completamente homostáticos-.

Bueno -añadió-, ¿tengo que contestar a sus preguntas, o darle los datos de mi caso,

o qué?

El doctor Jones dijo:

-Puede empezar diciéndome quién es y... por que me ha escogido precisamente

a mí.

-Soy George Munster, del pasillo 4, edificio WEF-395, del condominio

establecido en 1996 en San Francisco.

-¿Cómo está usted, Mr. Munster?

El doctor Jones extendió su mano y George Munster la estrechó. Descubrió que

la mano tenía la agradable temperatura del cuerpo humano y era decididamente

suave. Sin embargo, el apretón fue viril.

-Verá dijo Munster-. Soy un ex-Gl, un veterano de guerra. Por eso obtuve mi

apartamiento en el condominio WEF-395. Los veteranos tenían preferencia.

-Oh, sí! dijo el doctor Jones, parpadeando rítmicamente, como si midiera el paso

del tiempo-. La guerra con los Blobels.

-Luché tres años en aquella guerra dijo Munster, alisando nerviosamente su

largo y negro pelo-. Odiaba a los Blobels y me presenté voluntario. Tenía dieciocho

años y mi empleo era muy bueno... Pero la Cruzada para limpiar el Sistema Solar de

Blobels fue para mí lo primero.

-Hum -dijo el doctor Jones, parpadeando y asintiendo.

George Munster continuó:

-Luché bien. En realidad, obtuve dos condecoraciones y una citación en el

campo de batalla. Ascendí a cabo. Me concedieron los galones porque sin ayuda de

nadie puse en fuga a un satélite de observación lleno de Blobels; nunca supimos

cuántos eran, exactamente, ya que siendo Blobeis tienden a unirse y a desunirse de

un modo desconcertante...

Se interrumpió emocionado. El hablar de la guerra era demasiado para él. Se

tendió en el diván, encendió un cigarrillo y trató de calmarse.

Los Blobels habían emigrado originariamente de otro sistema astral,

probablemente Proxima. Hacía varios millares de años que se habían establecido

en Marte y en Titan, dedicándose a la agricultura. Eran evoluciones de la primitiva

ameba unicelular, bastante grandes y con un sistema nervioso altamente

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desarrollado, pero continuaban siendo amebas, seudópodos, y se reproducían por

desdoblamiento. En su mayor parte eran hostiles a los colonos terrestres.

La guerra había estallado por motivos ecológicos. El Departamento de Ayuda al

Exterior de las Naciones Unidas había querido cambiar la atmósfera de Marte,

haciéndola más respirable para los colonos terrestres. Sin embargo, el cambio

perjudicó a las colonias de Blobels establecidas allí. De ahí el conflicto.

Teniendo en cuenta el movimiento browniano, reflexionó Munster, no era posible

cambiar ~a

mitad

de la atmósfera de un planeta. En un período de diez años, la

atmósfera modificada se había difundido a través de todo el planeta, causando

sufrimientos -o al menos así lo alegaron ellos- a los Blobels. Como desquite, una

flota Blobel se acercó a la Tierra y puso en órbita una serie de satélites

técnicamente adulterados y destinados a viciar la atmósfera terrestre. No

consiguieron 511 objetivo, desde luego, porque el Departamento de Guerra de las

Naciones Unidas había entrado en acción; los satélites fueron destruidos por

proyectiles autodirigidos... y estalló la guerra.

El doctor Jones dijo:

-¿Está usted casado, Mr. Munster?

-No, señor -respondió Munster-. Y... -se estremeció-lo comprenderá usted

cuando se lo haya contado todo. Verá, doctor, seré sincero. Fui espía terrestre. Esa

era mi tarea. Me escogieron para ello debido a mi bravura en el campo de batalla.

No fue por mi gusto.

-Comprendo -dijo el doctor Jones.

-¿De veras? ¿Sabe usted lo que era necesario en aquellos días para que un

terrestre pudiera efectuar un espionaje eficaz entre los Blobels?

El doctor Jones asintió.

-Sí, Mr. Munster. Tuvo usted que renunciar a su forma humana y asumir la

forma de un Blobel.

Munster no dijo nada; se limitó a abrir y cerrar nerviosamente sus puños.

Delante de él, el doctor Jones parpadeó.

Aquella noche, en su pequeño apartamiento del WEF-395, Munster abrió una

botella de whisky y se sentó a beber en la misma botella, falto de la energía

necesaria para alcanzar. un vaso de la alacena situada encima del fregadero.

¿Qué había sacado en limpio de su entrevista con el doctor Jones? Nada,

absolutamente nada. Y se había comido buena parte de sus escasos recursos

económicos..., escasos debido a que...

Debido a que durante casi doce horas diarias reasumía, a pesar de sus

esfuerzos y de la ayuda del Departamento de Hospitalización de Veteranos de las

Naciones Unidas, su antigua forma Blobel. Volvía a convertirse en una amorfa masa

unicelular, en su propio apartamiento del WEF-395.

Sus recursos financieros consistían en una modesta pensión del Departamento

de Guerra. Encontrar un empleo resultaba imposible, porque en cuanto le

contrataban la emoción provocaba 511 transformación inmediata, a la vista de su

nuevo patrono y de sus compañeros de trabajo.

Esto no le ayudaba a establecer unas afortunadas relaciones laborales.

En aquel momento, a las ocho de la noche, notaba que estaba empezando a

transformarse. Era una antigua y familiar experiencia para él, y la detestaba. Se

bebió apresuradamente otro trago de whisky, dejó la botella sobre la mesa... y

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experimentó la sensación de que se convertía en una especie de charco

homogéneo.

Sonó el teléfono.

-¡No puedo contestar! -le gritó al aparato.

El relé del aparato recogió su angustiado mensaje y lo transmitió a la persona

que llamaba. Ahora, Munster se había transformado en una masa gelatinosa tendida

en medio de la alfombra. Onduló hacia el teléfono... el cual seguía sonando a pesar

de 511 advertencia, y Munster se irritó. ¿No tenía ya bastantes preocupaciones,

para tener que entendérselas con el teléfono?

Acercándose al aparato, extendió un seudópodo y descolgó el receptor. Con un

gran esfuerzo modeló su sustancia plástica a semejanza de un aparato vocal, de

opaca resonancia.

-Estoy ocupado -balbució-. Llame más tarde.

<(Llame -pensó mientras colgaba- mañana por la mañana. Cuando haya vuelto

a asumir mi forma humana.»

El apartamiento quedó silencioso.

Suspirando, Munster se arrastró a través de la alfombra hasta la ventana, donde

se subió a un alto escabel para poder ver el panorama que se extendía más allá. Su

superficie exterior estaba provista de una pequeña zona sensible a la luz, y aunque

no poseía un verdadero ojo podía apreciar -nostálgicamente- la mancha de la Bahía

de San Francisco, el puente de la Golden Gate, el parque infantil que era la isla de

Alcatraz...

«No puedo pensar en casarme -se dijo a sí mismo amargamente-. No puedo

vivir una verdadera existencia humana, reasumiendo todos los días la forma que los

mandamases del Departamento de Guerra me obligaron a adoptar...»

Cuando aceptó la misión, ignoraba que produciría en él este efecto permanente.

Le habían asegurado que era una cosa provisional, temporal, o algo por el estilo. ¡

Provisional! ¡Y hacía once

años

que duraba!

Los problemas psicológicos que le creaba aquella situación, y la presión sobre

su mente, eran inmensos. De aquí que decidiera visitar al doctor Jones.

El teléfono volvió a sonar.

-De acuerdo ~dijo Munster en voz alta, y se arrastró trabajosamente hacia el

aparato-. ¿Quiere usted hablar conmigo? -siguió diciendo, cada vez más cerca del

teléfono; para alguien que tenía forma Blobel, era un viaje muy largo -. Hablaré con

usted. Incluso puede conectar el vídeo y

mirarme.

-Una vez ante el teléfono, pulsó el

interruptor que permitía la comunicación visual al mismo tiempo que la auditiva-.

Míreme bien dijo. Y se situó delante del tubo transmisor del vídeo.

A través del receptor llegó la voz del doctor Jones.

-Siento molestarle en su casa, Mr. Munster, especialmente encontrándose en

ese... ejem... desagradable estado.

-El analista homostático hizo una pausa-. Pero he estado meditando acerca de

su situación, y es posible que tenga una solución parcial.

-¿Qué? -exclamó Munster, cogido por sorpresa-. ¿Quiere usted decir que la

ciencia médica puede...?

-No, no -se apresuró a decir el doctor Jones-. Los aspectos físicos quedan fuera

de mi especialidad, Mr. Munster. Cuando usted me consultó acerca de sus

problemas, lo que le interesaba era el reajuste psicológico...

-Ahora mismo voy a su oficina y hablaremos dijo Munster. Y entonces se dio

cuenta de que no podía hacerlo; en su forma Blobel, tardaría varios días en llegar a

la oficina del analista-. ¡Doctor Jones! -añadió desesperadamente-. Ya ve usted los

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problemas con que me enfrento. Estoy clavado a este apartamiento desde las ocho

de la noche hasta las siete de la mañana, día tras día. Ni siquiera puedo visitarle a

usted, y consultarle, y obtener ayuda...

-Tranquilícese, Mr. Munster -le interrumpió el doctor Jones-. Estoy tratando de

decirle algo. No es usted el único que se encuentra en esas condiciones. ¿Lo

sabía?

-Desde luego -respondió Munster-. Durante la guerra, fueron transformados en

Blobels ochenta y tres terrestres. De los ochenta y tres -se sabía los datos de

memoria- sobrevivieron sesenta y uno, y en la actualidad existe una organización

llamada Veteranos de Guerras Artificiales que agrupa a cincuenta de ellos, Yo

mismo soy miembro de esa organización. Nos reunimos dos veces al mes, nos

transformamos juntos... -Empezó a colgar el teléfono. Se había gastado el dinero

para que le informaran de algo que había olvidado de puro viejo-. Buenas noches,

doctor -murmuró.

- ¡ Mr. Munster! -El doctor Jones parecía estar algo excitado-. No me refiero a

otros terrestres. He estado investigando en beneficio suyo, y he descubierto que, de

acuerdo con unos informes que fueron capturados al enemigo y que ahora se

encuentran en la Biblioteca del Congreso, quince Blobels fueron transformados en

seudoterrestres para que actuaran como espías en la Tierra. ¿Comprende usted?

Al cabo de unos instantes, Munster dijo:

-No del todo.

-Tiene usted una reserva mental contra la posibilidad de ser ayudado dijo el

doctor Jones-. Lo único que quiero es que venga a mi oficina mañana por la

mañana, a las once. Nos ocuparemos de la solución a su problema, Buenas noches.

-Buenas noches -dijo Munster.

Colgó el receptor, intrigado. De modo que había quince Blobels paseando por

Titán en aquel momento, condenados a asumir formas humanas... Bueno, ¿cómo

podía ayudarle esto a él?

Tal vez lo descubriera a la mañana siguiente, a las once.

Cuando entró en la sala de espera del doctor Jones vio, sentada en una butaca

y leyendo un ejemplar de

Forinne,

a una joven sumamente atractiva.

Maquinalmente, Munster se sentó en un lugar desde el cual podía observarla a

placer, mientras fingía leer su propio ejemplar de

Orine.

Piernas esbeltas, codos

pequeños y delicados, ojos inteligentes, nariz ligeramente respingona... Una

muchacha realmente encantadora, pensó. La contempló fijamente... hasta que la

joven levantó la cabeza y le dirigió una fría mirada.

-Es aburrido tener que esperar -murmuró Munster.

La muchacha dijo:

-¿Viene usted a menudo a ver al doctor Jones?

-No -admitió Munster-. Esta es la segunda vez.

-Yo no había estado nunca aquí dijo la muchacha-. Iba a otro psicoanalista

electrónico de Los Ángeles, el doctor Bing. Anoche me llamó por teléfono y me dijo

que tomara un avión y me presentara esta mañana en el consultorio del doctor

Jones. ¿Es bueno?

-Supongo que sí dijo Munster.

En aquel momento se abrió la puerta del despacho y apareció el doctor Jones.

-Miss Arrasmith dijo, inclinando la cabeza hacia la muchacha-. Mr. Munster. -

Saludó a George-. ¿Quieren ustedes pasar?

Poniéndose en pie, miss Arrasmith dijo:

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-¿Quién paga los veinte dólares?

Pero el analista quedó silencioso. Se había apagado.

-Pagaré yo -dijo Miss Arrasmith, echando mano a su bolso.

-No, no -se apresuró a decir Munster-. Permítame.

Sacó una moneda de veinte dólares y la depositó en la ranura del analista.

Inmediatamente, el doctor Jones dijo:

-Es usted un caballero, Mr. Munster. -Sonriendo, les invitó a entrar en su

despacho-. Siéntense, por favor. Miss Arrasmith, permítame que sin ningún

preámbulo le explique a Mr. Munster sus... circunstancias. -Se volvió hacia George-.

Miss Arrasmith es una Blobel.

Munster miró a la muchacha, asombrado.

-Evidentemente -continuó el doctor Jones-, ahora se encuentra bajo la forma

humana. Durante la guerra, actuó detrás de las líneas terrestres como espía del

ejército Blobel. Fue capturada, pero su captura coincidió con el final de la guerra y

no fue juzgada.

-Me dejaron en libertad dijo Miss Arrasmith-. Y me quedé aquí por vergüenza.

No podía regresar a Titán, y...

Hizo un vago ademán.

-Para un Blobel -explicó el doctor Jones-, la forma humana resulta vergonzosa.

Asintiendo, Miss Arrasmith se llevó un fino pañuelo a los ojos.

-Efectivamente, doctor. Fuime a Titán para consultar a las autoridades médicas

acerca de mi estado. Después de un complicado y largo tratamiento, consiguieron

que recobrara mi forma natural durante unas seis horas diarias. Pero, las otras

dieciocho horas...

Volvió a llevarse el pañuelo a los ojos.

- ¡ Es usted muy afortunada! -protestó Munster-. Una forma humana es

infinitamente superior a una forma Blobel. Lo sé por experiencia. Un Blobel tiene

que arrastrarse por el suelo. Es como un calamar; sin un esqueleto para mantenerse

erguido. Realmente...

El doctor Jones le interrumpió.

-Durante un período de seis horas, sus formas humanas coinciden. Y luego,

durante una hora, coinciden sus formas Blobel. De modo que de las veinticuatro

horas del día, hay siete en las que sus formas son idénticas. En mi opinión, siete

horas son un plazo que no está mal. ¿Comprenden adónde quiero ir a parar?

Al cabo de unos instantes, Miss Arrasmith dijo:

-Pero, Mr, Munster y yo somos enemigos naturales.

-Eso fue hace muchos años -dijo Munster.

-Exacto -asintió el doctor Jones-. En realidad, Miss Arrasmith es básicamente

una Blobel, y usted, Munster, es un terrestre. Pero los dos están desplazados en

sus respectivas civilizaciones, y ello produce en ustedes una pérdida gradual de

ego-identidad. Se exponen a contraer una grave enfermedad mental..., a menos que

lleguen a un acuerdo entre ustedes.

El analista se calló.

Miss Arrasmith dijo, en voz baja:

-Creo que hemos estado de suerte, Mr. Munster. Tal como dice el doctor Jones,

nuestras formas coinciden durante siete horas al día. Podemos disfrutar de ese

tiempo juntos, sin sentirnos ya aislados.

Munster pareció vacilar,

-Dele tiempo para pensarlo -le dijo el doctor Jones a Miss Arrasmith-. Verá cómo

acaba aceptando.

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II

Varios años después, sonó el teléfono de la oficina del doctor Jones. Respondió

como de costumbre:

-Por favor, dama o caballero, si desea hablar conmigo deposite veinte dólares.

Al otro extremo del hilo, una voz masculina dijo:

-Escuche, ésta es la Oficina Jurídica de las Naciones Unidas y no depositamos

veinte dólares para hablar con nadie. De modo que suelte ese mecanismo que lleva

dentro, Jones.

-Sí, señor dijo el doctor Jones, y con su mano derecha empujó hacia abajo la

pequeña palanca situada detrás de su oreja.

-Ahora, escuche , dijo el abogado de las Naciones Unidas-. En el año 2037

aconsejó usted el matrimonio a una pareja formada por un tal George Munster y una

tal Vivian Arrasmith, ¿no es cierto?

-Sí -respondió el doctor Jones, después de consultar sus archivos electrónicos.

-¿Ha investigado usted las consecuencias jurídicas de ese matrimonio?

-No, desde luego que no dijo el doctor Jones-. Lo jurídico no es mi especialidad.

-Puede usted ser procesado por aconsejar un acto contrario a las leyes de las

Naciones Unidas.

-No existe ninguna ley que prohíba el matrimonio de un terrestre y una blobel.

El abogado de las Naciones Unidas dijo:

-De acuerdo, doctor, iré a echarles una ojeada a las historias clínicas de sus

pacientes.

- ¡ Imposible! -exclamó el doctor Jones-. Sería una transgresión a la ética

profesional.

-Entonces, obtendremos una orden de secuestro.

-Como quiera.

El doctor Jones acercó la mano a su oreja para desconectar su mecanismo

auditivo.

- ¡ Espere! Tal vez le interese saber que los Munster tienen ahora cuatro hijos.

Y, de acuerdo con la ley Mendeliana Revisada, su venida al mundo se produjo por

este orden: una niña Blobel, un niño híbrido, una niña híbrida y una niña terrestre. El

problema jurídico estriba en que el Consejo Supremo Blobel reclama a la niña

Blobel como ciudadana de Titán, y sugiere también que uno de los dos híbridos sea

entregado a la jurisdicción del Consejo. -El abogado de las Naciones Unidas

explicó-: Verá, el matrimonio de los Munster ha fracasado. Han pedido el divorcio, y

es un verdadero problema saber las leyes que deben aplicárseles, a ellos y a su

prole.

-Sí, dijo el doctor Jones-, lo comprendo. ¿Y cuál ha sido la causa del fracaso de

su matrimonio?

-No lo sé, ni me importa. Posiblemente, el hecho de que ninguno de los dos era

completamente terrestre ni completamente Blobel. ¿Por qué no habla directamente

con ellos, si quiere saberlo?

El abogado de las Naciones Unidas colgó.

«¿Acaso cometí un error, aconsejándoles que se casaran? -se preguntó el

doctor Jones-. Tengo que hablar con ellos.> Abriendo el listín telefónico de Los

Ángeles, su dedo índice comenzó a recorrer los nombres que empezaban con la

letra M.

7

Habían sido seis años difíciles para los Munster.

Después de su boda, George se había trasladado desde San Francisco a Los

Angeles. Vivían y él se habían instalado en un apartamiento que tenía tres

habitaciones en vez de dos. Vivian, gracias a que tenía forma terrestre durante

dieciocho horas del día, pudo obtener un empleo en la oficina de Información del

Aeropuerto de los Ángeles. George, en cambio...

Su pensión ascendía a la cuarta parte del sueldo de su esposa, y el hecho

lastimaba su amor propio. Para aumentar sus ingresos, buscó algún medio de ganar

dinero en casa. Finalmente, en una revista encontró este prometedor anuncio:

¡OBTENGA SANEADOS BENEFICIOS EN SU

PROPIO HOGAR! CRIE RANAS GIGANTES

PROCEDENTES DE JÚPITER, CAPACFS DE

DAR SALTOS DE OCHENTA PIES. PUEDEN

TOMAR PARTE EN LAS CARRERAS DE RANAS,

Y...

De modo que en 2028 había comprado su primera pareja de ranas importadas

de Júpiter y había empezado un negocio que había de producirle saneados

beneficios en su propio hogar. Mejor dicho, en un rincón del sótano que Leopold, el

portero parcialmente homostático, le permitía utilizar gratuitamente.

Pero en la relativamente débil gravedad de la tierra, las ranas de Júpiter daban

unos saltos enormes, y el sótano resultó ser demasiado pequeño para ellas;

rebotaban de pared en pared como verdes pelotas de ping-pong, y no tardaron en

morir. Evidentemente, se necesitaba algo más que un rincón del sótano del edificio

QEJ(-604 para albergar a aquellos condenados bichos.

.Luego nació su primer hijo. Un Blobel de pura sangre. Durante las veinticuatro

horas del día era una masa gelatinosa, y George esperó en vano que adquiriera

forma humana, aunque sólo fuera por un momento.

Habló desabridamente con Vivían del asunto, durante uno de los períodos en

que ambos tenían forma humana.

-¿Cómo puedo considerarle hijo mío? -inquirió George-. Es una forma de vida

extraña para mí. -Estaba desatentado e incluso horrorizado-. El doctor Jones debió

prever esto. Desde luego, no puede negarse que cs hijo tupo... Es igual que tú.

Los ojos de Vivían se llenaron de lágrimas.

-Lo dices de un modo insultante.

-¡Desde luego! -Se puso el abrigo-. Me voy al cuartel general de los Veteranos

de Guerras Artificiales -informó a su esposa-. Me tomaré una cerveza con los

muchachos.

Poco después entraba en el cuartel general de los VGA, un antiguo edificio del

siglo xx necesitado de una capa de pintura. Los VGA tenían pocos fondos, ya que la

mayor parte de sus miembros eran, como George Munster, pensionistas de las

Naciones Unidas. Sin embargo, disponían de una mesa de billar, de un aparato de

televisión 3D, muy antiguo, de unas cuantas docenas de discos de música popular y

de un tablero de ajedrez. George solía beberse una cerveza y jugar al ajedrez con

SUS compañeros, en forma humana o en forma Blobel; aquél era el único lugar

donde Sé admitía a las dos formas.

Aquella noche se sentó con Pete Ruggles, un veterano que también estaba

casado con una mujer Blobel reasumía, al igual que Vivian, la forma humana.

-No puedo soportarlo por más tiempo, Pete. He tenido un hijo que es una masa

gelatinosa. Toda mi vida he deseado tener un hijo, y ahora... ¡No puedo más!

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-Entonces no querrás seguir casado conmigo, George, porque podrás hacerlo

con una mujer terrestre.

No podía hacerle eso a Vivian, pensó George. Y abandonó la idea.

En la primavera de 2041 nació su tercer hijo; fue una niña y fue híbrida, como

Maurice. Era Blobel durante la noche y terrestre durante el día.

Entretanto, George había encontrado una solución a algunos de sus problemas.

Se buscó una amante.

III

La amante era Nina Glaubman, una ex Blobel, esposa de uno de sus

compañeros de los VGA.

Su industria de cinturones adelgazantes había prosperado hasta el punto de que

ahora tenía quince empleados terrestres y una pequeña y moderna fábrica. Si los

impuestos de las Naciones Unidas hubieran sido más razonables, sería un hombre

rico. Pensando en ello, George se preguntó qué tal andarían los impuestos en el

territorio Blobel, en lo, por ejemplo.

Una noche, en el cuartel general de los VGA, habló del asunto con Reinholt, el

marido de Nina, que parecía ignorar lo que había entre su esposa y George.

-Tengo grandes planes, Reinholt dijo George mientras apuraba su cerveza-.

Esto se está poniendo imposible. Todo lo que gano se lo lleva el gobierno. Y se me

ha ocurrido trasladar la fábrica a otro planeta, ¿comprendes?

Reinholt dijo, friamente:

-Eres un terrestre, George. Emigrar con tu fábrica a territorio Blobel sería

traicionar a tu...

- Escucha -le interrumpió George-. Tengo un hijo Blobel pura sangre, dos hijos

medio Blobels y un cuarto en camino. Supongo que eso representa un fuerte lazo

emotivo

con la gente de Titán y de lo.

-Eres un traidor -replicó Reinholt, dándole un puñetazo en la boca-. Y no sólo

por esto -continuó, golpeando a George en el estómago-. Estoy enterado de que

sales con mi esposa. ¡Voy a matarte!

Para escapar, George asumió la forma Blobel; los golpes de Reinholt se

estrellaron inofensivamente en su cuerpo gelatinoso. Pero Reinholt se transformó a

su vez y se lanzó contra él con intenciones asesinas, tratando de absorber el núcleo

de George.

Afortunadamente, la intervención de otros veteranos impidió que Reinholt

consumara sus propósitos.

Aquella misma noche, todavía tembloroso, George estaba sentado con Vivian

en el salón de su nuevo y lujoso apartamiento del edificio ZGF-900. Desde luego,

Reinholt informaría a Vivían de lo que sucedía. Su matrimonio estaba roto. Este era

quizás el último momento que pasaban juntos.

-Vivían dijo George-, tienes que creerme. Te quiero. Tú y los niños -y el negocio

de cinturones, naturalmente sois toda mi vida... -Se le ocurrió una idea

desesperada-. Vamos a emigrar esta misma noche, ahora mismo. Coge a los niños

y vámonos a Titan.

-No puedo ir allí dijo Vivían-. Sé cómo me trataría mi gente, y cómo os tratarían

a ti y a los niños. Márchate tú, George. Traslada la fábrica a lo. Yo me quedaré aquí.

Sus ojos negros se habían llenado de lágrimas.

-¿Qué clase de vida sería ésa? -protestó George-. Tú en la Tierra y yo en lo...

¿Y los niños?

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-Lo sé dijo el doctor Jones-. Esta vez, un terrestre, si no fallan las Leyes de

Mendel... aunque yo creía que sólo se aplicaban a los guisantes.

Mrs. Munster continuó:

-He estado en Titan, consultando a los médicos, ginecólogos y consejeros

matrimoniales más famosos. Durante el pasado mes he recibido toda clase de

consejos. Ahora he regresado a la Tierra,.. para encontrarme con que George ha

desaparecido. No puedo dar con él.

-Me gustaría poder ayudarla, Vivían dijo el doctor

Jo

nes-. El otro día hablé

brevemente con su marido, pero no pude sacar nada en limpio. Por lo visto, ahora

es un importante hombre de negocios y resulta difícil llegar hasta él.

-Y pensar -murmuró Vivían amargamente- que lo ha alcanzado toda gracias a

una idea que yo le di... Una idea Blobel.

-Ironías del destino dijo el doctor Jones-. Bien, si quiere usted conservar a su

marido, Vivían...

-Estoy decidida a conservarle, doctor Jones. Sinceramente, en Titán me he

sometido a tratamiento, el más moderno y el más caro, porque quiero a George

mucho más que a mi propia gente y a mi planeta.

-¿Qué tratamiento? -inquirió el doctor Jones.

-A través de las técnicas más nuevas de la ciencia médica en todo el Sistema

Solar dijo Vivían-, he sido estabilizada. Ahora tengo forma humana durante las

veinticuatro horas del día. He renunciado definitivamente a mí forma natural para

salvar mi matrimonio con George.

-El sacrificio supremo ~dijo el doctor Jones, impresionado.

-Con tal de que pueda encontrarle...

- Este es un gran día para mí, Hank -murmuró George Munster, ahuecando en

forma de aparato vocal parte de la sustancia gelatinosa que componía su cuerpo

unicelular.

-Desde luego, Mr. Munster -asintió Ramarau, que estaba en pie junto a George

con los documentos legales.

El funcionario de lo, una masa gelatinosa como George, reptó hasta Ramarau,

cogió los documentos y articuló:

-Los transmitíré a mi gobierno. Supongo que están en orden, Mr. Ramarau.

-Puedo garantizárselo -dijo Ramarau-. Mr. Munster no volverá a asumir nunca

más la forma humana. Se ha sometido a un tratamiento, beneficiándose de las

técnicas más nuevas de la ciencia médica, para alcanzar esta estabilidad en la fase

unicelular de su antigua rotación. Ahora es un Blobel completo.

-Este momento histórico dijo George Munster, irradiando su pensamiento al

grupo de Biobels locales que asistían a la ceremonia, significará un nivel de vida

más elevado para los ciudadanos de lo, que encontrarán empleo en la nueva

fábrica. Aparte de la prosperidad que traerá a esta región, la nueva fábrica será un

motivo de orgullo nacional, por cuanto el Cinturón Reductor electromagnético

Munster tuvo su origen en una idea Blobel.

El grupo de Blobels irradió sus congratulaciones.

-Este es el mejor día de mi vida -añadió George Munster, y empezó a reptar

lentamente hacia su automóvil, donde le esperaba su chófer para conducirle a las

habitaciones que tenía alquiladas en el hotel de lo City.

Algún día sería dueño de aquel hotel. Estaba invirtiendo los beneficios de su

negocio en fincas. Según le habían informado otros Blobels, era un modo patriótico -

y provechoso de invertir el dinero.

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